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La prueba del algodón

Por Francisco Pomares

 

Para la presentación pública del pacto de gobierno entre el PSOE, Nueva Canarias, Sí Podemos y los gomeros, los cuatro partidos elaboraron un documento interno de muy pocos folios, al que se añadió después una adenda secreta con los compromisos sobre La Gomera, inmediatamente desvelada. Dos días después, durante la firma oficial del acuerdo, ya bautizado como pacto de las flores, se presentó un nuevo documento de bases del pacto de Gobierno en Canarias, de 26 folios, conteniendo las líneas programáticas del Gobierno de Torres, que fueron luego ampliadas en el discurso de investidura presidencial.



Los compromisos globales de este Gobierno se encuentran perfectamente definidos en ese acuerdo y en la primera intervención parlamentaria de Torres, por otro lado menos precisa que algunas de las declaraciones realizadas durante los primeros días por los líderes de los partidos políticos en medios de comunicación. Si hubiera que definir los principales aspectos de la oferta política del nuevo Gobierno a los ciudadanos de las Islas, el contrato del pacto de las flores con los canarios, básicamente podría decirse que es un claro compromiso con el gasto público en asuntos sociales, empezando por la lucha contra la pobreza y la exclusión social, el fortalecimiento del Estado del bienestar, la mejora de los servicios públicos esenciales, el fomento de la igualdad de género, la creación de empleo y el crecimiento económico, sin renunciar al desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.


Para muchos ciudadanos, toda esa panoplia de intenciones se concretó (vamos a decir que con cierta mixtificación) en una suerte de ecuación mágica, imposible de cuestionar: más dinero para mejorar la vida de las personas más desfavorecidas, que saldría del bolsillo de los más ricos y de impuestos y tasas a pagar por los turistas que nos visitan. Por supuesto, el primer año de gestión de una Administración cualquiera está muy condicionado por la existencia de un marco presupuestario heredado. Es por eso difícil percibir cambios de enjundia en la distribución de recursos para ayudar a las personas más necesitadas, pero eso no tiene porqué ser así siempre: ahora toca empezar a negociar los presupuestos 2020, y será el momento de materializar las apuestas sociales del Gobierno.



Es cierto que el marco de la realidad es cambiante, y que algunas de las cosas que se veían claras hace unos meses, ahora parecen más oscuras. Pero el Gobierno sigue manteniendo sus objetivos: yo no he escuchado a nadie renunciar a cumplir la promesa de llevar la renta básica ciudadana a decenas de miles de canarios, a llevar el gasto en Educación al 5 por ciento del PIB o a acabar con las listas de espera. Y mucho menos a volver a subir el IGIC al 7 por ciento. Lo de la renta ciudadana creo que van a resolverlo cambiándole el nombre a la PCI. Y con la caída del PIB que se nos viene encima, si se mantiene el gasto en Educación, acabaremos acercándonos al cinco por ciento. Y en Sanidad, ya ha dicho la consejera que va a cambiar la forma de calcular la gente que espera. En cuanto a lo del IGIC, que nadie lo dude: por supuesto que el Gobierno cumplirá su promesa.

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