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La cabra y la miss

 

Myriam Ybot

 

 

Han pasado unas semanas pero todavía resuenan los ecos de la polémica generada en torno a la decisión de la ya ex concejala de Fiestas de Arrecife de cancelar los aspectos competitivos de la elección de belleza insular y convertir el evento en una suerte de pasarela para la exhibición de moda local.

 

Las respuestas han sido las lógicas de una sociedad conservadora ante cualquier cambio respecto de lo repetido mil veces. La tradición como sinónimo de éxito y de consenso se arguye entre quienes se niegan a aceptar novedades o consideran que cualquier tiempo pasado fue mejor.

 

En nombre de la tradición, distintos pueblos de nuestro país han celebrado sus fiestas torturando toros hasta la muerte a punta de dardo, fuego o banderilla y no hace ni dos décadas que en la tristemente famosa Manganeses de la Polvorosa lanzaban a una cabra desde el campanario de la iglesia para alborozo de los asistentes.

 

En España, la mixtificación de los valores femeninos, convertidos en una colección de medidas físicas, dientes perfectos o melena brillante se remonta a los años 30 del siglo pasado, cuando el modelo de mujer exportado por la industria del cine americano tenía tanto que ver con la belleza como con la independencia, la autonomía y el estilo de vida urbano.

 

Sin embargo, el tardofranquismo y el arquetipo construido por la Sección Femenina subvirtieron estos valores y orlaron a las candidatas de una mezcla de serena discreción y curvas de escándalo. La mujer ideal era una señora en la calle y una puta en la cama, soñaban los varones del Régimen.

 

Ha llovido mucho desde entonces. Y las reivindicaciones feministas han forzado la introducción de pruebas de talento o al menos, la demostración por parte de las aspirantes de ser algo más que cuerpos perfectos y rostros de proporción aurea.

 

Al mismo tiempo, mientras los concursos de misses eran tachados de escaparates de carne femenina, se instalaban -también en Lanzarote- concursos de mister y miss Gay, que emulan a los originales en la búsqueda del modelo de belleza estereotipado propio del mundo de la moda y la publicidad. Juventud, altura, delgadez, músculos, ojos claros, sonrisa deslumbrante.

 

La polémica está servida y tardará en enfriarse. Las feministas seguiremos reclamando el fin de los certámenes de belleza, con candidatos y candidatas, que el frívolo imperio de la superficialidad no entiende de orientaciones y los valores que se promueven son igualmente trasnochados. Y quienes labran su sustento en este negocio deberán reinventarse y adaptarse a los nuevos vientos de una sociedad que se desembaraza de su piel patriarcal y muestra sus nuevos colores de equilibrio e igualdad de oportunidades.

Comentarios (1)  



Comentarios  
# Vele 27-09-2019 20:42
Señorita o señora, los concursos de belleza han existido desde que existe la humanidad y porque unas resentidas y amargadas no les gusten,lo van a suprimir?, y ahora también hay concursos masculinos y eso no? ,je jeee que demagogia más barata, y en cuanto a la cabra eso si es maltrato animal, no mezclemos conceptos ni hagamos discursos baratos y retrógrados, y esto es todo, no réplica. ..
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